Meditación de las "Siete Palabras de Jesús en su Agonía"

Celebración, por primera vez, de la Meditación sobre las Siete Palabras de Jesús en su Agonía, a las once de la noche del sábado siete de marzo en Iglesia de la Asunción.

sábado, 7 de marzo de 2020

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En silencio, en la oscuridad del templo y con la sola luz de las velas, como sin duda hubieran querido los hermanos fundadores. Así celebró la Cofradía del Stmo. Cristo de la Agonía, por primera vez, la Meditación sobre las Siete Palabras de Jesús en su Agonía, a las once de la noche del sábado siete de marzo en la Iglesia de la Asunción.

Lo primero que sorprendía a los fieles, según iban entrando por San Pedro o Santa María, era la noche del templo, mucho más cerrada que la que dejaban atrás en el casco antiguo. Ni una luz encendida en la nave, solo la capilla de la Cofradía, que refulgía como un ascua vacilante entre la llama y la cera. Allí, presidiéndolo todo, estaba el Cristo, en un altar de culto de suprema elegancia, exornado con flor y con vela en la medida exacta de las cosas. Se iba llenando la capilla en completo silencio, en un ambiente de profundo recogimiento acunado por los ecos lejanos del grupo coral dirigido por Patricia Dato, que ensayaban en la Sacristía.

Con las campanadas de las once un hermano de la Cofradía anunciaba el comienzo del acto, poniéndose al punto en marcha la procesión eclesiástica, precedida por cruz alzada, con el sacerdote Saúl Sánchez, querido amigo de Cieza y de la Cofradía, y cerrada por la coral, que atravesó el templo entonando el Miserere.

Alcanzada la capilla e incensado el altar, dio comienzo el culto. Siguiendo un ritual compuesto sobre la base de antiquísimos devocionarios, se fueron leyendo y rezando cada una de las Siete Palabras de pronunciadas por Cristo desde la cátedra de la Cruz. Y se rezó también a la Virgen de la Piedad, imponente sobre su trono con toda la cera encendida, en una larga plegaria que terminó en un Ave María y que comenzó con el saludo a la Virgen en todas las advocaciones de las cofradías ciezanas.

El sacerdote se dirigió entonces a la comunidad reunida en la capilla y en sus aledaños, con una emotiva meditación que fue recogiendo cada una de las Palabras acercándolas a las circunstancias cotidianas de cada uno de nosotros. “Cristo te llama esta noche desde la oscuridad: busca en las oscuridades de tu vida, y trae lo que encuentres al pie de la Cruz”, decía Saúl.

Y luego, el silencio. El Silencio con mayúsculas, aún más silencio y aún más mayúsculo por estar subrayado magistralmente por la coral. Y el Cristo de la Agonía, esculpido de nuevo en aquella penumbra por González Moreno, que se adueñaba de todos los corazones y  hablaba con cada uno de ellos en una intimidad inquebrantable.

Finalmente el silencio se rasga en la Acción de Gracias, y la bendición de Dios descendió sobre todos. Con Ánima Cristi de Frisina perdiéndose en las profundidades de la basílica, el cortejo retornó a la Sacristía dejando solo la llama, el silencio y la oración ante el Señor. Y una pequeña huella grabada ya en la historia de la Cofradía.

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