Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita

 "Jesús en el Calvario" de José  Antonio Hernández Navarro.

 

    Hace unos cincuenta años nadie podía presagiar el surgimiento en nuestro Levante Español de un nuevo y gran maestro escultor e imaginero.  Son ya 22 los años que lleva dedicados de pleno a ofrecernos obras con las que sentirnos cada vez más identificados, habiendo educado nuestra estética salzillesca hacia un nuevo camino en la imaginería cuyo sello es la novedad y la modernidad, destacando su calidad técnica y estilo que nos introduce hacia un modelo de simplificación formal e intensidad espiritual.  

Precisamente en noviembre del pasado 2004 tuve la ocasión de actuar de Comisario de la Exposición que con el título de “Obras Maestras del Escultor José Antonio Hernández Navarro” realizó la Junta Central de Semana Santa de Callosa de Segura, reuniendo una serie de piezas que rezumaban por todas partes calidad y arte propio. El mismo que poseen los grupos que de él se procesionan en Cieza como son el Encuentro de Jesús Con María (1999) y el Cristo de la Sed (2000) el Cristo Descendiendo a los Infiernos (2001), a sus respectivas cofradías vaya desde aquí mi felicitación sincera por la elección de dicho escultor cuyo trabajo queda patente en sus obras.  

 Pero llegar hasta aquí no es tarea fácil, Hernández un probado autodidacta, supo formarse poco a poco y con la avidez de quien siente y ama este noble arte aprendió con todos los que pudo tener a su lado. Finalmente su arte vino de la mano del barro con el que modeló infinidad de piezas para la casa, ya desaparecida, Hermanos Griñan de Puente Tocinos. Su ilusión, y el empujón dado por la Cofradía del Perdón de Murcia que en el año 1982 le encarga el paso de La Coronación de Espinas, le invitó a dejar el cómodo trabajo de modelista a sueldo para pasar al de imaginero por cuenta propia. Una seriedad intachable y la calidad de sus obras han hecho que hoy pueda disfrutar de la tranquilidad que le brindan los encargos a años vista y haber consolidado su nombre dentro de la escultura procesional contemporánea, no solamente a nivel de las provincias de Alicante y Murcia, sino a nivel nacional.  

Pasando al análisis de sus imágenes podemos apreciar una constante evolución que todavía no ha concluido y que queremos situar en tres etapas definidas principalmente por la introducción de innovaciones técnicas y métodos de trabajo, a la vez que un cambio evidente en la estética de sus obras.  

- 1972- 1985 Etapa de Juventud. La Tradición. 

               Como ya ha dicho Hernández en diversas ocasiones, el ser autodidacta le ha hecho aprender en la escuela de las iglesias y museos de Murcia, con las obras de Salzillo, Sánchez Lozano y Juan González Moreno, entre otros. Por ello, en estos años reproduce tipos y formas salcillescas, siguiendo una escuela que ya tiene más de 250 años. A ella dedica sus siete y ocho primeras obras, así como los numerosos modelos belenísticos. Aunque parezcan muchos años, realmente tan solo son tres en los que realiza su primer paso “La Coronación de Espinas”, Santa María Magdalena o el Ángel con la Cruz Triunfante, entre otros. Además de la Entrada de Jesús Triunfante, Jesús en Casa de Lázaro y la Aparición de Jesús a Santo Tomás donde comienza a introducir un tipo iconográfico que le identificará como propio.

  Son pasos en que hay grandes similitudes tipológicas con las imágenes de Salzillo: vestuarios, gestos, actitudes, policromías.  Los mismos responden a una composición teatral que sabe llegarle al espectador, transformado el dinamismo y dramatismo de las obras en elegancia y armonía compositiva. En los grupos Cristo ocupa habitualmente el centro de la composición, siendo el foco de las miradas del público y del resto de las imágenes que lo acompañan. En ocasiones Hernández Navarro hace que Jesús, o alguno de los personajes, lance la mirada hacia el espectador. Se trata de un recurso que utiliza para reclamar la atención de los presentes sobre la escena.  

 Las imágenes son concebidas serenas y bellas. Sus gestos, actitudes y dulzura de rasgos son para él el modo de reflejar la virtud y la bondad de los personajes representados. Presta una atención especial a la anatomía humana donde alcanza la belleza formal. En cuanto a las vestiduras presentan pliegues redondeados pero pegados al cuerpo dejando adivinar bajo ellos la anatomía de las imágenes. Conforme avanzan los años la simplificación y sobriedad se acentúan.  

-1986-1989. Etapa de Transición entre la tradición y la renovación.  

 El paulatino rechazo de las técnicas y métodos salzillescos va a llevar acarreado un cambio gradual de estilo. El abandono de postizos y enlienzados, el uso de policromía de acabado mate, así como la menor utilización de los motivos dorados en el estofado, son aspectos que van a influir considerablemente en la apariencia final de las obras. Hernández se inclina por imágenes totalmente talladas.

   Una de las facetas donde se puede apreciar con mayor claridad el carácter de transición de este momento es en el modo de definir la anatomía masculina, evolucionando en muy poco tiempo desde cuerpos de musculatura abultada y detallada a otros con morfología más plana y somera. Cuatro obras lo ejemplifican: El Cristo de las Penas de 1986 para la Cofradía de Los Coloraos de Murcia, en que los tres personajes presentan anatomías poderosas y abultadas. El Crucificado de la Ermita de la Huerta en que ya no hay exceso de musculatura. El Ascendimiento realizado en 1988 para la Cofradía del Perdón de Murcia en donde los sayones son de anatomía poderosa pero bella y por último el Cristo Resucitado de Beniel en 1989 en que Hernández está más preocupado por el efecto general que por el detalle, siendo este el camino que va a mantener hasta la actualidad.

  En su estilo se aprecia la incorporación a sus creaciones de elementos renovadores: cuatro clavos, palo trasversal, tratamiento de telas con el golpe de gubia, policromías mates, etc.

  -1990- 2004. Etapa de madurez. La definición de un estilo.  

 Al entrar en la década de los noventa Hernández Navarro tiene plenamente definido su estilo y pese a las variaciones lógicas, hay unas características comunes. En el primer año destacan dos obras por encima de las demás: El Cristo Atado a la Columna para las Torres de Cotillas y la Virgen de las Angustias para Jumilla. El primero es una obra decididamente renovadora y su iconografía absolutamente novedosa. Talla imagen y columna en un mismo bloque, rasgo que recorrerá las obras de aquí en adelante, por lo que es habitual que las esculturas respondan a formas cerradas.

   Cristo ya responde a un canon esbelto, cabello lacio, mechones expresivos, nariz de perfil recto, mejillas rehundidas y pómulos salientes, barba alargada, paño de pureza cordelífero, mayor corpulencia en pos de la grandiosidad de las imágenes, cabezas más vigorosas y aumento de rasgos dramáticos que favorecen la intensidad espiritual, aunque sin caer nunca en aspavientos ni gestos exagerados. La otra obra más destacada “la Virgen de las Angustias” no es tan innovadora como el Cristo de la Columna pero es firme en la consolidación de los avances conseguidos,  como la hermosa anatomía del cuerpo de Cristo que apenas muestra los signos de la muerte, es bella y serena. Vestidura de la Virgen que recuerda la escultura castellana, pero joven, dulce y serena. Características que cambia en el año 2000 con la realización de Nuestra Señora de la Amargura realizada para Valladolid en que la concibe con edad más avanzada, arrugas surcándole el rostro, mejilla rehundida, mandíbula y pómulos marcados, que potencian el dramatismo y la intensidad espiritual de la obra. Siguiendo estas características ha realizado tres figuras más: La Virgen del Descendimiento  de Murcia (2001) la Soledad del Consuelo para la Cofradía del Socorro de Cartagena (2003) y la Verónica para la Cofradía de la Caridad de Murcia (2003).  

En cuanto a las vestiduras, amplias superficies definen las telas, reduciendo el número de pliegues y aristas simulando diversas texturas desde la tela de saco, a las lanas. A la vez el acabado polícromo termina de conseguir los efectos con labores de esgrafiados sobre el aparejo, hecho que desaparecerá con el cambio de madera ya que se marcará directamente el efecto sobre la madera.  

Cierta dificultad se muestra en las figuras para vestir donde no logra transmitir igual de bien las sensaciones de movimiento y naturalidad debido a la necesidad de realizar brazos articulados y cuerpos sin una anatomía evidente.  

 La policromía de este periodo está definida por dos aspectos: la aplicación del color sobre las vestiduras con efectos de veladuras y amplitud de paleta cromática.  Los mejores ejemplos son la Ascensión del año 2000 y el Descendimiento de Murcia (2001).  

 En cuanto a las representaciones de Cristo Crucificado (cuatro ocasiones), entre las que se encuentra el Cristo de la Sed de Cieza,  son Cristos vivos, serenos, habitualmente en actitud de diálogo. De cuerpos bellos, con paños de pureza pequeños y clavos en las muñecas. Curiosamente, pese a que Hernández representa a los crucificados con clavos en las muñecas, todos sus resucitados tienen las llagas en las palmas de las manos.   

Conforme avanza en su carrera artística, Hernández va demostrando su dominio de la escultura y su conocimiento de las propiedades de la madera. Detalles de su virtuosismo son la talla directa de la corona de espinas sobre la cabeza de Cristo que realizó en el Cristo Despojado para Valladolid de 1993, alcanzando mayores cotas de habilidad en los que entremezcla mechones de pelo entre las ramas de espinas, como en el Cristo de la Sed de Cieza (2000) y el Cristo del Gran Amor, crucificado para la Parroquia de Los Ramos (2003). Rotos a la altura de la rodilla en las túnicas de los Cristos del Auxilio a Nuestro Señor de Cuenca (1997), El Encuentro de Jesús con la Virgen de Cieza (1999) y las espinas de la corona que atraviesan el paño de pureza, cuando la Virgen de la Soledad del Consuelo de Cartagena (2003) porta estos símbolos en su regazo.  Por otra parte también destaca, en la Coronación de Espinas de Hellín (1996), el rehundimiento de la carne del brazo de Cristo, provocado por la presión que desarrolla el soldado romano al cogerle. Ya seis años antes, en la Virgen de las Angustias de Jumilla, quedó esbozada, con menos atrevimiento esta solución. Al levantar María con su brazo derecho el cuerpo de Jesús, la presión de su peso sobre la mano de ésta causa que los dedos se hundan sutilmente en la carne.  

Pero la demostración más evidente de su maestría la va a desarrollar en el Descendimiento de Murcia (2001). Su propósito de hacer las figuras íntegras del bloque, provoca que en una obra con tantos recovecos, concavidades, sinuosidades y rehundidos, la dificultad para alcanzar a trabajar muchos de los rincones sea máxima. Por esta circunstancia, durante su ejecución el escultor tuvo que adoptar posturas inverosímiles. Hecho repetido en una de sus últimas obras el San Miguel para las Torres de Cotillas (2004).  

Desde hace unos años, la incorporación de ciertas novedades están formando los cimientos de un nuevo periodo estilístico. Canon más esbelto, los miembros se adelgazan y alargan, predominando la verticalidad de la figura. Elementos de desequilibrio de la imagen, situando una cadera acentuadamente más alta. Y sustancial alargamiento del rostro, cuyo principal ejemplo es el paso de La Coronación de Espinas de Hellín de 1996, confirmado en el Encuentro de Cieza y la Ascensión de Murcia.  Por lo que respecta a la representación femenina fundamentalmente dos obras anuncian la nueva etapa: la Dolorosa de Valladolid y la Verónica de Murcia, de canon esbelto y formas cerradas .  

Con el paso de los años Hernández ha sabido imbuir a sus imágenes de una mayor espiritualidad e intensidad emotiva, sin caer en gestos desgarrados. Prueba de ello es el fervor que despierta en los lugares en que sus imágenes son expuestas al culto público produciendo el deterioro de las tallas por el paso de las manos sobre la superficie de las mismas, tal es el caso constatado del Cristo del Perdón de Elche, Cristos de Humildad y de la Caída de Alicante, o Coronación de Espinas en Hellín.  

En definitiva nos encontramos ante un gran maestro ya valorado y admirado por expertos y adeptos entre los que me encuentro y espero que también estén todos y cada uno de ustedes.   

                                                                                                                                Por Francisco Zaragoza  Braem.

                                                                                                                                     Cofrade y Biógrafo del escultor.