Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita


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2011

Fernando Molina García

Con el caer de las horas, ese ligero nerviosismo que desde primera hora de la tarde hizo su aparición se hace ahora cada vez más patente. Son casi las doce, y la muchedumbre se apresura por las calles colindantes hasta abarrotar la Plaza Mayor. Instantes después, el Cristo de la Agonía sale de su capilla. En sus labios podemos leer las palabras del profeta Isaías: hoy salgo al encuentro de los que no me buscan. Como aquel hombre al que todos conocemos, que no se acuerda ya de la última vez que entró a una iglesia, que probablemente no vea ningún otro desfile y que, sin embargo, nunca falta a su peculiar cita anual con Dios. Ésa es la magia de la Procesión del Silencio: hasta en el corazón del más incrédulo se siembra esta noche la duda. Es la Noche de las noches. Es el día del Amor Fraterno.

Los años en los que he tenido el privilegio de acompañar al Cristo bajo el trono, he sentido una felicidad muy grande al pensar que un trocito de la música que iba escuchando procedía del violín de la persona que me enseñó a amar la Semana Santa: un eterno dormijoso que este Jueves Santo cumplirá veinte años acompañando al Señor, tocando para Él con toda su entrega.

Calle Larga, Mesones, Cadenas… Todos los rincones nos parecen pocos para ver de nuevo la Procesión, para vivir el Milagro de seguir creyendo con solo mirarle. El Cristo de la Agonía camina por las calles para dar su aliento a los que se sienten solos, a los que han perdido la esperanza, a los que piensan que la vida les ha puesto demasiadas dificultades. A su entrada, mientras los nazarenos de la antiguamente conocida Hermandad del Silencio le siguen con su mirada hasta que dobla hacia la capilla, escucharemos una vez más «hasta el año que viene». Ha de ser así: debe retornar a su altar para que el año que viene de nuevo tenga lugar el Milagro del Silencio, y el Cristo de la Agonía vuelva a salir al encuentro de los que no le buscan.



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