Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita


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2009

José Morote Dato

Hasta que tuve túnica propia, desfilé con la que me tenía preparada todos los años, Anita, la madre de mi querido amigo (o mejor querido hermano) Isidoro Vázquez, que anteriormente usó su familia, y que esperaba pulcramente limpia sobre la cama de su hijo, a que yo llegara a su casa de la calle de la Hoz, cada noche de Jueves Santo, para ponérmela y desfilar en la procesión, tras degustar apresurada y obligatoriamente algo de cena que también me tenían preparada. Gracias familia.

A partir de entonces, mis vivencias se ligaron a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía. En su seno he puesto en práctica todo lo aprendido en mi niñez y que antes comentaba. He vuelto a poner el mismo esmero que puse entonces en limpiar nuestras imágenes, ahora nuestros Cristos y nuestra Piedad; he aplicado en nuestros tronos alguna técnica aprendida de mis amigos escultores; he contribuido a alguna tarea de restauración; he admirado muy de cerca y en muchas ocasiones la imagen de nuestro Cristo titular, antes de proceder a su colocación en el trono; he vuelto a inundarme, como antes, con sublimes aromas, ahora, con los que desprende nuestra Piedad cada vez que la bajamos de su altar y la colocamos en su trono ¡Qué honor sentirse cada año tan cercano a estas maravillosas imágenes! También, como cuando era niño, he tenido la suerte y el privilegio de convivir en el seno de esta hermandad con personas realmente maravillosas. He tenido, en fin, la dicha de reflexionar durante muchos y muchos Silencios.



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