Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita


Volver al resumen

2005

Enrique Centeno González

Ahora las pasiones aquietan, mueren los ecos de la vida y hasta la misma realidad se desdibuja diluyéndose en una oscuridad de ensueño. La noche hace calma y se duerme cuando Jesús agoniza sobre el madero. Pocos quedan en estas aceras. Todos esperan allá en la Plaza para la entrada. En la calle Cadenas, el Cristo de la Agonía desfila ahora sólo para sus hermanos del Silencio. Y cada uno de ellos, aferrado a la vara o la cera, lo siente más que nunca a su lado en una Comunión que hoy es milagro, no sacramento; y que se estrechará hasta fundirse al llegar a la Hoz. Sé que le susurran “¡no mueres solo, Señor, yo estoy contigo…!” Los violines desgarran un quejido al ver cómo el Redentor se estira buscando un aliento que ya nunca llegará. ¡Se muere! Yo veo sus ojos clavados en las estrellas y le pido “¡Señor… guarda en tu Gloria a quien tanta gloria te dio! … Juan González Moreno”

Y es justo ahora, viendo morir a Jesús, cuando mejor se comprende el don maravilloso de nuestra condición de cristianos. ¡Viéndole MORIR! Luego resucitará, ahora ya lo sabemos, y ésa será la prueba de su divinidad. Pero, sabiendo que es Dios; lo inconcebible, lo inexplicable, lo infinitamente generoso, es que quiera primero hacerse uno con el Hombre compartiendo con él la realidad más radical de su condición limitada: la muerte. ¡No habrá suficientes Jueves Santos para recordarle al mundo entero el acontecimiento más grandioso de la Historia de los hechos y de las creencias! ¡Dios muere! ¿Quién podrá ya sentirse solo cuando sienta que le abandonan las luces de este mundo? ¡Cristo en la Cruz está con él! Está con él… haciendo nuevas todas las cosas.



Volver al resumen