Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita


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1999

Luis Carlos Roldán Simón

Hay que aguantar, acaban de cantar una saeta, y comienzan a escucharse los lamentos de la siguiente. Es de noche, hace frío, pero unidos en el silencio y con el resplandor de las vetas, soportamos con paciencia y firmeza, al "Cristo de la Agonía", sobre los hombros, sintiendo hondos momentos de reflexión, y pensando que estamos con él, en su agonía.

No estás solo Señor. Mueres por nosotros pero estamos aquí junto a ti, muy cerca, acompañándote esta noche, sabiendo que pronto te guardaremos en tu capilla un año más y desde allí velas con nosotros, tantas noches de insomnio y tribulaciones que a lo largo de la vida nos suelen acompañar, por la tristeza y la enfermedad, la soledad y el desamor, y tantas y tantas cosas. Gracias Señor. Y sin embargo, no te abrí la puerta...

¿Qué tengo yo, que mí amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
qua a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las Ha gas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía!"
¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos' respondía,
para yo mismo responder mañana!
(Lope de Vega)



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