Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita


Volver al resumen

1996

Manuel Rodríguez Gómez

Cuando las campanas del reloj de la torre de esta Basílica marcan la expresada hora, se abre el portón que da a la Plaza, y a los que llevamos el trono nos invade una indescriptible emoción. Las luces de las calles apagadas, sólo iluminadas por los cirios de los penitentes, los cuatro faroles del trono, y un foco que deja al descubierto el rostro del Cristo, la luna brilla en lo alto del cielo, y se hace un profundo silencio, solo quebrado, como un lamento, por un tambor, que retumba sordamente; y que, cuando calla, da paso a una estremecedora música de violines, mientras el sentimiento popular participa en la procesión con los cánticos de saetas, de hondo carácter religioso. En el escenario de esta procesión se palpa la religiosidad, y se manifiesta un gran recogimiento: silencio, misticismo, meditación y adoración, muy especial de los penitentes, rodilla en tierra, cuando el Cristo entra en la Plaza Mayor a su regreso a esta Iglesia. Y al mismo tiempo se escucha la voz del poeta José Luis Hidalgo, en su célebre Oración del Silencio, diciéndonos:

Cuando estoy preguntando y, de repente,
levanto a ti los ojos y me callo,
entonces es, Señor, que Tu me escuchas
y te hablo.
La luz crece en mi alma dulcemente
y en ella está mi cuerpo iluminado
como muerto ya en ti, cuando me tengas
puro y blanco.
El silencio es Señor, como la muerte
y sólo muerto has de escuchar mi llanto.
Escucha mi silencio: aún estoy vivo
y preguntando.



Volver al resumen