Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita

La Procesión

 

   La vida, a veces, es un cúmulo de coincidencias, una de ellas se da entre la “Procesión del Silencio” y yo, ambos cumplimos los mismos años, más no son lo mismo en mi haber, los que acompaño al Señor en este caminar por las calles de mi pueblo.

                   Recuerdo la tarde de aquel Viernes de Dolores al llegar a casa de mis padres para pasar las vacaciones de Semana Santa, y sin tiempo para decir nada, mi madre me indica que “Las Barberas”, te esperan para tomarte medida de la túnica del Silencio, si quieres salir este año, no fue pisar su casa, como empezar a danzar con la cinta métrica.

                  En aquella época los Santos Oficios se celebraban por la mañana, y mi familia tenía por costumbre ir a los del Colegio del Divino Pastor, donde oficiaba D. Antonio Dato y después, cada cual por su sitio, el mío era la Iglesia donde ya estaba Bautista dando las ordenes para colocar al Señor, que estaba tendido sobre los bancos y se izaba desde el coro para colocarlo y evitar su balanceo.

                  Alrededor del medio día D. Arturo Brunton ajustaba el reflector de la cara del Señor, después Dña. Visitación Carrillo y su sobrina colocaban la enredadera, y a esperar hasta la salida.

                  A la hora de formar las filas, donde los más bajos iban en los primeros puestos que no cedían a los novatos, allí estaban Pascual Nicolás, Lázaro Martín, Manuel el cobrador y una serie de hermanos fundadores que no cedían su puesto a nadie.

              Ya, con los cirios encendidos y esperando que el reloj de la torre diese la primera campanada para abrir las puertas de la Iglesia se encontraba Gabriel el Sacristán.

                  Ya estamos en la calle, la primera y única persona de paisano que se incorpora a la Procesión es el jefe de la policía municipal D. Bartolomé “Guadaña” con su “vergajo” bajo el brazo y su andar aparentemente cansado. Por le centro de las filas D. Antonio Dato con su manteo y su cadena dorada, de la cual pende la llave del Monumento de las Pastoras.

                 ¿Cuáles son para mi los momentos más bellos de la Procesión?, todos, más por dar algunos, citaré el momento de volver el trono en la plaza y la proyección de la Cruz sobre la torre de la Iglesia visto desde cualquier punto de la acera de los pares de la calle el Cid, como a su vez su paso por la calle Cadenas y para terminar la calle de la Hoz hasta su entrada por en medio de las filas de nazarenos de rodillas así como los fieles que se encuentran en la plaza en ese momento, y el dulce sonido de los violines entonando la serenata nocturna de Mozart.

                      Esta es para mí, muy a vuela pluma, la Procesión del Silencio.

  

                                                             Joaquín Jordán Pérez