Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía  

La Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía le da la bienvenida y agradece su visita

 De nuevo el Gólgota

  

“ Era ya como la hora de sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona”.(Lc.23,44)

    Y es en ese preciso instante, hecha de nuevo la agobiante tiniebla, rezumando el aire un agreste olor a agonía, tañendo las campanas su melancólico son, cuando la silueta de Jesús, aparece reflejada en cada una de las inquietas pupilas, que se esfuerzan insistentemente para que ningún obstáculo les impida presenciar esas escenas que, año tras año, hacen revivir en sus corazones la tragedia sufrida por Él hace tanto tiempo.

   Sabe Jesús que en esta oscura y triste noche de Jueves Santo, se va a encontrar de nuevo con todos aquellos personajes, que hace tantos años le acompañaron en sus momentos de pena y agonía. Los habrá, como entonces, de todos los tipos y creencias. Habrá otro Pedro que lo negará, y también estará presente hasta el final, ese fiel Juan acompañando a la sufriente Madre.

    Como otras veces, el grupo de piadosas mujeres, no con sonoros llantos, pero sí con mudas lágrimas en los ojos, ocultas tras enrejados cristales, acompañarán a Jesús a su paso, con el alma rota y el corazón desgajado.

    También hoy, estará presente ese Simón de Cirene, que no pudiendo ayudar a Jesús con la fuerza de sus musculosos brazos, lo hará con la fuerza de su garganta, entonando la amarga  Saeta, que procurará convertir el penoso camino del Gólgota, en un camino un poco más llevadero.

    Otros, por el contrario, reirán y blasfemarán al paso de la comitiva, que agónica y triste, se arrastra por las silenciosas calles y Jesús, sus ojos clavados en el Cielo, volverá a sentir una profunda pena y repetirá:” Padre, perdónalos por que no saben lo que  se hacen”. (Lc.23,34)

    Y  al final, todo en este Gólgota actualizado, caeremos de rodillas ante Él, nuestros ojos encendidos como los cirios que nuestras manos portan, dando rienda suelta a nuestros corazones, que al unísono lanzarán una resonante voz:” Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”. (Mc.15,39)

                                                                                                               Más de cien cofrades